10 claves para escribir una escena de juicio que enganche a tu lector

Al escribir novela negra, un thriller o una novela policíaca, la trama puede llevar a tu protagonista o al criminal a ser detenidos y juzgados. Pero quizá no estés muy seguro de cómo lograr que esa escena, que además es el clímax de la novela, enganche a tu lector de principio a fin.

Para lograrlo aquí te dejo diez consejos que te ayudarán a escribir una escena de juicio perfecta.

1. La sala del juicio

Lo primero que tienes que lograr es que tu lector «vea» la sala, que entre en ella junto con alguno de los personajes  y esté allí con ellos. De ese modo, podrá percibir, por ejemplo, la duda del testigo al acercarse a la soledad del estrado o del micrófono…; tienes que lograr que la sala sea un personaje más.

Por ello, lo primero a tener en cuenta es dónde se desarrolla tu novela. España, Inglaterra, Estados Unidos…; sea cual sea, en cada uno existen peculiaridades que diferencian los procesos entre sí.

Si tu acción se desarrolla en Estados Unidos te será más fácil, porque el cine nos ha familiarizado con ellas y con el sistema penal norteamericano. Pero si tiene lugar en España o Inglaterra, la cosa cambia.

Acusado y testigos

En Estados Unidos, el acusado y el o los testigos se sientan a la derecha del juez. En Inglaterra, los testigos y el/los acusados también declaran frente al juez, pero lo hacen tras un pequeño estrado fijo habilitado para ello. Si estamos en España, por el contrario, el/los testigos y el/los acusados se sientan en un pequeño escritorio delante del estrado del juez, e incluso puede ser que sólo se habilite una silla para su declaración. 

 

Abogado defensor y Ministerio fiscal

En Estados Unidos e Inglaterra, el o los abogados defensores y el ministerio fiscal se sitúan frente al estrado del juez, los abogados defensores a la derecha y el fiscal o los demandantes a su izquierda.

En España, por el contrario, a la derecha del juez se sitúa el estrado donde estarán el Ministerio Fiscal y la acusación particular y a su izquierda el abogado de la defensa. Pero, como en todo, en esto también hay excepciones, porque en algunas comunidades es a la inversa. Por ello, mi consejo es que vayas a ver una sala de juicio (puedes asistir a alún caso con audiencia pública). Ve allí, toma tus notas y visualiza a tus personajes deambulando por el lugar. De ese modo, trasladar la escena de tu cabeza al papel te resultará mucho más sencillo y quedará mucho más real.

 

abogado y acusado en jucio

 

2. Todos somos humanos

Mientas escribes la escena, tienes que tener en cuenta detalles como los que te iré mostrando a lo largo de este artículo. Pero es esencial que no te olvides de lo más importante y lo que más enganchará al lector a tu escena: el elemento humano.

Jueces, abogados, fiscales, acusados, testigos, público…, etc., todos ellos son la parte esencial del juicio. Ten en cuenta que un juicio es una situación estresante y emocional, y debes incluirlo en tu novela. Sus emociones, conflictos internos, miedos, esperanzas, sufrimiento…; estas emociones permitirán a tu lector identificarse con tus personajes y empatizar (o no) mucho más con ellos.

¿Cómo hemos llegado aquí?

Tus personajes no llegan al juicio por que sí. Incluso aunque sea la escena de apertura de tu novela, ha habido un conflicto anterior que los ha llevado a la sala del juzgado. Y este conflicto no puede quedar fuera una vez que da comienzo el juicio

Un asesinato, además de acabar con la vida de la víctima, influye en la de su familia, amigos y en el resto de su entorno. Lo mismo ocurre en el círculo de quien está siendo juzgado como autor del crimen.

3. Con su propia voz

Quizá tu juez o jueza sean amantes del heavy metal y pasa los fines de semana recorriendo el país en su Harley-Davidson. O tu abogado o abogada estrella pasan de los convencionalismos sociales. Todo ello es perfecto para imprimir carácter a tus personajes, pero una vez que los llevas a la sala del juicio, la cosa cambia, porque se entra en un entorno mucho más formal.

El juez o la jueza deben mantener un vocabulario formal, y estricto, además de utilizar un tono autoritario, muy diferente del que usa con sus amigos.

En cuanto a tu abogado o abogada, aunque el Estatuto de la Abogacía ya no exige que los abogados vistan de traje en los juicios, tampoco pueden aparecer en bermudas y chanclas porque le han llamado mientras estaba pasando un día en la playa.

 

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Abogado y cliente

El abogado se expresará de forma distinta cuando habla con su cliente que cuando lo hace ante el juez o el tribunal. Ni el letrado ni su cliente pueden levantarse y gritar en medio del juicio lo que les plazca o el juez los condenará por desacato. Deben respetar las normas en todo momento.

 

4. No aburras al lector con detalles legales

El Estatuto de la Abogacía, la Ley del Jurado, el Código Penal, la LECRIM…; son muchas las leyes que entran en juego en un juicio y es importante que tú, como escritor, las conozcas. Pero no cometas el error de querer enseñarle al lector todo lo que sabes, porque corres el riesgo de convertir un juicio emocionante en algo soporífero.

Por supuesto, hay cosas que no puedes eludir, como la estructura de un juicio o las formalidades, pero te puedes saltar todo aquello que tu lector no necesite saber para seguir  la trama. Cuida también de no abusar de la jerga jurídica, porque puede que tu lector no esté familiarizado con ella. Eso no significa que no la utilices, pero solo cuando sea necesario.

5. Abúrrete tú con detalles legales

Parece que me estoy contradiciendo a mí misma, pero no es así. Porque aunque le ahorres al lector muchos detalles legales, tú si debes conocerlos para no incurrir en ningún error de documentación que daría al traste con todo el trabajo que has invertido al escribir tu novela negra.

Por ello, aunque más arriba también te he aconsejado que no aburras al lector con jerga jurídica, tú si debes conocerla, para poderla manejar con soltura y decidir cuándo es precedente o no.

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6. ¡Orden en la sala!

Si piensas en un juicio, seguro que te viene a la cabeza la imagen del juez golpeando el mazo, mientras grita «¡Orden en la sala», intentando acallar el griterío que ha causado la declaración de un testigo o del acusado. Este mazo también lo usan en Inglaterra y en Irlanda.

Por cierto, el término técnico para llamarlo es mallete.

En España, lo habitual es utilizar una campanilla, aunque en algunos lugares ya comienza a usarse el mazo. Pero debes informarte de cuál es habitual en la localidad donde se desarrolle la acción.

7. Al escribir novela negra no siempre son doce

En los países anglosajones, el jurado está compuesto por doce personas. En España, por el contrario, el denominado Tribunal del jurado está formando por nueve miembros.

Si decides, por ejemplo, que uno de los convocados no acudirá al juicio, tienes que tener muy claras las causas de esto, porque no te puedes saltar a la torera la Ley del Jurado.

8. Juro decir toda la verdad y nada más que la verdad

Nada tan impactante como la aparición de un testigo sorpresa cuya declaración, en el último minuto, salva al inocente de ser injustamente condenado o logra condenar al culpable que estaba a punto de eludir a la justicia.

Pero si quieres que tu novela se ajuste a la realidad española, debes tener en cuenta que, de acuerdo con la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECRIM) estos testigos se deben proponer en los escritos que la acusación y la defensa hacen durante la instrucción del juicio. Son las listas de peritos y testigos.

Esto no significa que no puedas darle emoción a tu novela. Puede que el testigo no llegue a tiempo, o se haya visto atrapado en un sospechoso accidente…; tu buen hacer de escritor puede darle mucha emoción a la trama sin saltarte la ley.

 

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9. ¡Me acojo a la Quinta Enmienda!

Conoces perfectamente la escena: el acusado, acorralado por las preguntas del fiscal se vuelve al juez y grita: «¡Me acojo a la quinta enmienda!», para evitar tener que responderlas.

La quinta enmienda de la Constitución de Estados Unidos  establece que no puede obligarse a ninguna persona acusada de cometer un delito a declarar contra sí misma.

En España, tu acusado no se podría acoger a la Quinta Enmienda. Deberá hacerlo al  artículo 24.2 de la Constitución, que garantiza el derecho de no declarar contra uno mismo ni a confesarse culpable de un delito.

Cuidado con los testigos

Los testigos, por el contrario, no pueden negarse a declarar; según la LECRIM, están obligados a responder a todas las preguntas que se les formulen sobre los hechos por los que han sido citados. A ver, por poder sí pueden, pero si tu personaje decide hacerlo, ten en cuenta que se enfrentará una multa de hasta 5.000€ y puede ser acusado de un delito de obstrucción a la justicia.

Las únicas que puede negarse a responder son las  preguntas «capciosas, sugestivas e impertinentes», tal como establece el artículo 709 de la LECRIM. En este caso será el mismo presidente del tribunal el que impedirá que el testigo las responda, a menos que considere que es necesario para el esclarecimeinto de los hechos.

 

10. Vete a hacer puñetas

En Estados Unidos los fiscales y abogados no utilizan la toga, como sí lo deberán hacer si tus protagonistas están en España. Y con la toga, tienes que pensar en las puñetas, las puntillas blancas al final de las mangas. Es un detalle a tener en cuenta si tu juez o jueza llevan poco tiempo en la carrera judicial, porque su toga no las llevará. Si son Magistrados, sí las llevarán.

También las llevan los fiscales y los secretarios judiciales.

Como curiosidad, si tus abogados son ingleses, te comentaré que llevar peluca ya es algo opcional, aunque sí llevan toga.

 

Un consejo final

Lee todos los thrillers legales que puedas. Fíjate en cómo los autores desarrollan la acción, cómo construyen el clímax o presentan los conflictos de los personajes. John Grisham es un maestro indiscutible en este género, pero también puedes leer novelas como Matar a un ruiseñor de Lee Harper o En defensa de Jacob de William Landlay. En novela española tienes El Bufete, de Borja Martínez de Echevarría.

También puedes recurrir al cine. Son muchas las películas sobre juicios y abogados, pero yo te aconsejo dos que para mí son las mayores obras maestras en este ámbito: Testigo de cargo (Witness for the Prosecution, su título orginal en inglés), dirigida por Billy Wilder,  y  Doce hombres sin piedad (12 angry men), dirigida por Sidney Lumet, dos obras maestras del género, ambas de 1957.

Como ves, escribir una buena escena exige mucho trabajo y documentación, pero, con ello, el resultado será magnífico y tu lector quedará pegado a tus páginas.

¿Te has encontrado con más dificultades a la hora de escribir la escena de un jucio?

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