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Asesinos literarios con Arantxa Rufo (III): Jean-Baptista Grenouille, Frankenstein y Max Cady

En esta tercera y última entrega de Asesinos literarios, Arantxa Rufo nos habla de Jean-Baptiste Grenuille, protagonista de El perfume y nos cuenta por qué Frankenstein es uno de los personajes literarios más maltratados e incomprendidos por el cine, creado por una autora que, de vivir en la actualidad, sería una criminalista destacada.

También hacemos un repaso por la evolución de los villanos en la novela criminal, desde sus comienzos hasta la actualidad y lo que implica dicha evolución para escritores/a y lectores/as del género en la actualidad.

JeanBaptiste Grenouille

R: Otro de los asesinos que yo creo que también pasa muy desapercibido es Jean-Baptiste Grenouille. En apariencia un ser delicado, porque es perfumista y trabaja con esencias, pero es un asesino sin escrúpulos.

A: Sí, Jean-Baptiste es un personaje que, para mí, no tiene nada que ver con Annie Wilkes, Lecter o los demás de los que hemos hablado. Se le considera psicópata pero yo creo que está loco. Me explico. No creo que naciera con un trastorno genético, como es la psicopatía, sino que le enloquecieron las circunstancias.

 

Jean-Baptiste-Grenouille

Sociópata, no psicópata

Según acaba de nacer, su madre intenta asesinarlo, como ya ha hecho con varios hermanos anteriores; hay que tener en cuenta que estamos hablando del París del siglo XVIII y no tiene como mantenerlos. A la mujer la detienen, el niño va a un orfanato y todo el mundo le rechaza y él no sabe por qué. Después lo venden y le obligan a trabajar en una cosa que lo va destrozando físicamente, con heridas y lesiones.

Podemos decir que él nace como un niño normal y se va convirtiendo lentamente en un asesino. No nace psicópata, sino que la historia de su vida lo va trastornando hasta llegar al punto sociópata de…; iba a decir no me importa la gente, lo que le pase, pero es lo contrario; le importa tanto la gente que durante toda su historia lo que busca es el amor de los demás; todo lo que él hace, todos los asesinatos que comete son con el fin de conseguir ese perfume mágico que le proporcione el amor que no ha tenido.

«Cuando logre ese perfume, todo el mundo me amará»

Es un personaje que sufre mucho. Igual que de los que hemos hablado antes no lo hacía porque como psicópatas no sufren, Jean-Baptiste sufre mucho. Para evitar ese dolor, esa angustia, tiene que conseguir el amor de los demás y si para lograrlo tiene que matar a cuatrocientas personas para investigar sus olores, lo hace. Porque su razonamiento es: «cuando logre ese perfume todo el mundo me amará».

R: Sí, como tú has dicho muy bien, lo que diferencia un psicópata de un sociópata es que el primero  nace con el trastorno antisocial de la personalidad y el sociópata digamos que nace normal, pero los acontecimientos muy traumáticos que sufre desde edades tempranas le van quitando esa capacidad de sentir empatía por los otros.

Y dices algo muy interesante, que él realmente lo que busca es ser querido, busca el amor; es un niño que nunca ha sido amado, y se trastorna tanto que busca el amor a cualquier precio, incluso matando.

 

Frankenstein

Frankenstein

A: Sí, claro. Además aquí tenemos un ejemplo de manipulación del cine, porque el actor que interpreta a Grenouille es joven, guapito, con su cierto atractivo. Pero en el libro, el personaje es deforme, lleno de lesiones y cicatrices; una persona físicamente monstruosa a quien, solo con verla, la gente encuentra repugnante.

Si a eso se une toda su historia de juventud, nunca pueda lograr ese amor, porque todo el mundo lo va rechazando. Y claro, tú lo ves en el cine y no entiendes por qué rehúyen a este chico tan mono, tan delicado, como tú dices, que hace perfumes. Pero en la realidad ni mono ni delicado. Y ahí, un poco a lo Frankenstein, si hilamos, lo único que quiere es que lo amen, ser una persona normal como los demás.

R: Sí es verdad, porque la motivación que lleva a Frankenstein a matar es salir de esa soledad a la que le ha condenado ser el único monstruo que existe, el único hombre hecho de piezas de otros, lo que le sentencia a estar solo; él, lo único que quiere es que le amen.

Ser una persona normal

Resulta curioso porque, aunque es un ser absolutamente salvaje, lo único que busca es el amor, el cariño de los demás, que en el fondo es lo que busca todo ser humano, como ser social. Pero por todas las carencias en el caso de Jean-Baptiste o por las circunstancias en el caso de Frankenstein, nunca van a poder tenerlo.

A: Exacto, sí. De hecho lo que el busca, sobre todo, es ser una persona normal. Su momento más feliz es cuando está en la cabaña del ciego, porque éste lo trata como a una persona normal: hacen amistad, charlan, pasan el rato, como cualquiera de nosotros. Lo que busca es que le traten como a un hombre, con respeto, con educación; él ni siquiera pide, luego ya entrará en ese tema del amor romántico, una compañera; pero en principio lo único que ser como los demás.

Soy un ser humano

Pero claro, con el aspecto físico que tiene es imposible. Desde que lo crean, lo tienen encerrado. Él piensa algo como «yo no te pedí que me crearas físicamente, pero, una vez que lo haces, me  condenas a la soledad, me encierras, me tratas como a un monstruo; a ti mismo te aterra mi existencia», y solo busca tener una vida normal, lo cual es imposible. Todo esto hace que sea un personaje tremendamente triste.

R: Sí, sí, porque cuando tu lees el Frankenstein de Mary Shelley, más que la versión que ha dado el cine, sientes auténtica pena por él, empatizas con él. Empatizas con matices, no en lo de ser un asesino, pero en el sentido de que sientes lástima por todo lo que tú dices, y porque él mismo, en la primera parte de la de la novela no deja de repetir «soy un ser humano, soy un ser humano».

Pero el libro también muestra bien la otra parte, los prejuicios de la sociedad hacia el que es diferente, el que es distinto, el acabar con él. Digamos que todo se une para «fabricar» un asesino.

Crítica social en la novela de Mary Shelley

A: Claro, es que Frankenstein, como novela, es también un reflejo de esa sociedad que rechaza de entrada todo lo que no entiende y todo lo que no entra de los parámetros establecidos. Como historia está denunciando eso, que la sociedad rehúye todo lo que no encaja con lo establecido. Y ese rechazo feroz, al final logra que un ser que en principio no quería hacer daño a nadie,acabe convirtiéndose en un monstruo aterrador, que es lo que tú, como sociedad, le dijiste al principio que era, cuando no lo era. La escritora está diciendo: ten mucho cuidado con tus prejuicios porque pueden acabar convirtiéndose en un arma en tu contra.

R: Sí, porque, como dices, Mary Shelley creó un relato muy psicológico de cómo se crea un asesino. El cine nos ha llevado a quedarnos en el monstruo, pero hay mucha psicología de cómo se forma un asesino o alguien que,  ya desesperado, rompe con todo, con cualquier barrera moral o ética, porque le han presionado de tal modo que acaba explotando.

Frankenstein en el cine

A: Es que si te fijas, el trato que ha hecho el cine de la figura de Frankenstein es una prueba de lo que estaba denunciando Mary Shelley. Hollywood cogió un personaje triste, acosado, desesperado por la soledad, por el rechazo, y en vez de comprenderlo y sentir lo que sentimos los que hemos leído la novela, la tristeza por la soledad ese hombre, la angustia de una persona condenada al rechazo del resto del mundo, lo han convertido en un monstruo. Han dicho: es feo, está hecho de cadáveres, ya está, un monstruo clásico.

Y ahí se demuestra la verdad de lo que decía la autora. Se quedaron en el exterior, lo convirtieron en el monstruo que los mismos personajes de la novela dicen que era, y se quedaron ahí. Cogieron a un personaje con una gran profundidad psicológica, que experimenta una enorme evolución a lo largo de toda la historia, que cuando lo vas leyendo vas entendiendo cada paso y vas sufriendo con él, no por él, sino con él y el cine hizo desaparecer todo eso; es un monstruo: no tiene sentimiento, no tiene profundidad. Sí, hacemos la escena de la niña, minuto y medio, y fuera, nos lavamos las manos y ala.

Esto demuestra qué razón tenía Mary Shelley en que la sociedad va a rechazar siempre al que es diferente, ya fuera en la época en que se escribió la novela o en la actualidad.

¿Quién es el monstruo?

R: Además, la autora hace un juego muy importante, porque Frankenstein no es el nombre del monstruo; todo el mundo le ha identificado con el nombre del doctor, porque el personaje no tiene nombre.

A: Empezando por ahí, otra muestra de su soledad. Frankenstein lo creó y no se molestó ni en darle un nombre.

R: Yo siempre he pensado que Mary Shelley lo hizo un poco como un juego, porque tú identificas al monstruo con Frankenstein, pero hay dos personajes, y piensas: ¿Quién es el auténtico monstruo? ¿El creado que mata por la circunstancias o el que lo crea sin luego preocuparse por él, como tú dices?

A: Claro,  porque el doctor Frankenstein es tan egocéntrico, está tan obsesionado consigo mismo, tan preocupado por conseguir el éxito, que en ningún momento se para a pensar qué va a ocurrir después. Al principio de la novela lo vemos sufrir, pero por cosas que le afectan a él, a su carrera, sus estudios, su casa, su novia, pero en ningún momento se preocupa por qué va a pasar con la criatura. Y si lo consigo qué. Ahí se ve ese egocentrismo absoluto del personaje. Que en cierto modo también lo entiendes, porque tú imagínate que creas algo así, tú yo y cualquiera, nos morimos de miedo, pero surge la pregunta de cuál de los dos es más monstruo que el otro.

Buenos y malos

R: Sí, porque estamos acostumbrados a que siempre hay un bueno y un malo, y Mary Shelley jugó mucho con la idea de que todos podemos ser antagonistas y protagonistas según las circunstancias;  seguramente nosotros no llegaríamos a matar. Pero sí es verdad en tu vida diaria tú das una cara más o menos amable según las circunstancias.  La escritora lo que hizo fue extrapolar unos rasgos comunes que tenemos todos y llevarlos al extremo de crear un personaje que se salta todas las normas sociales.

A: Al que obligamos a saltarse todas las normas sociales. Lo vamos arrinconando como una bestia, hasta que finalmente se revuelve y decimos, ¡anda!, la bestia era salvaje, que violenta, se revolvió. No, es que no le dejaste otra alternativa. Hay un momento en que Frankenstein huye, que ya solo quieren perderse en el hielo y que lo dejen en paz, y siguen acosándolo, lo siguen juzgando. Y es que no le dejaste otra más que revolverse.

R: Sí, yo creo que es uno de los de los libros que más inciden, como hemos dicho, en la en la psicología de cómo se forma el asesino. Porque Moriarty, Lecter, los vemos, podríamos decir, ya formados. Pero Mary Shelley, siendo además de la época que es, estamos hablando de principios del siglo XIX, demuestra ya una gran capacidad de penetración psicológica; de hecho, sería una perfiladora psicológica estupenda nuestros días.

A: Sí, sí, totalmente. El modo en el que analizó las personalidades de ambos, incluso de alguno de los secundarios, pero sobre todo de ellos dos, la forma en que los retrata, psicológicamente hablando, es muy detallado cómo va siguiendo su evolución.

 

Max Cady

Max Cady

R: Para terminar, quería preguntarte por otro de los asesinos que más terror psicológico inspiran, que es Max Cady, el protagonista de la novela Los verdugos, de John Dann Macdonald, a quien muchos conoceréis por la película «El cabo del miedo», que es como se llamó en España la versión cinematográfica de la novela, en la que Robert De Niro interpretaba a Cady.

A: Cady es un psicópata de manual, porque ya al comienzo del libro se nos cuenta que está en prisión por haber violado y matado a una niña. Mientras está en la cárcel se le muere un hijo, su mujer lo abandona, pero él en ningún momento piensa la culpa es mía, por haber hecho lo que hice. No, no, la culpa es de quien me encerró, yo soy inocente, que eso es un razonamiento muy psicópata, el nunca decir la culpa es mía, sino culpar siempre a los demás.

Y refleja muy bien esa capacidad de manipulación, porque Cady manipula a los policías, la manipulación de hago esto por un lado, pero luego, por otro niego que le he hecho, porque yo soy un ángel del cielo; un ciudadano modelo que sí, cometí un error pero ahora mismo no estoy haciendo nada malo, y eso es muy de psicópata. En el libro ves como sufre Sam Bowden, el policía protagonista, porque Cady juega con él a su antojo, como un gato con un ratón. Porque además, el protagonista, como cualquier persona normal, no puede estar a su altura, no eres capaz de luchar contra una persona que tiene esa capacidad de manipulación.

Manipulación psicológica

R: Sí, porque el policía, el protagonista, digamos, siempre va a tener unos límites éticos y morales que el villano en este caso no tiene.

A: Exacto, que el psicópata no tiene. Es imposible ganar, porque Cady está jugando con las cartas marcadas. Él puede hacer lo que quiera, pero Bowden, ya ni siquiera por el bien y el mal, sino por sus propios límites morales, nunca va a poder enfrentarse a él en igualdad de condiciones. Y está, como hablábamos de Paul Sheldon, en el caso de Annie Wilkes, indefenso, atado de pies y manos, en este caso moralmente hablando.

R: Sí, porque Cady, como dices, es capaz de una manipulación psicológica brutal ante la que tú, como protagonista, no te vas a poder defender. Porque es capaz de lograr que el resto piense que Bowden en este caso es el culpable de lo que él, Cady, hace. Es un juego viciado, sutil y muy inteligente ante el que la víctima no tiene defensa.

A: Totalmente. Como hemos hablado, un psicópata tiene incapacidad de ponerse en lugar del otro. Incapacidad no, sino que le importa un pepino lo que le ocurre al otro, porque todo gira alrededor de él. Yo hago lo que quiero y yo manipulo lo que quiero. Además, aunque esto suele estar un poco sobrevalorado, suelen ser muy inteligentes y ello les permite desplegar esa capacidad de manipulación. Y lo más aterrador es que son personajes muy reales, que te puedes encontrar mañana en la calle.

Destrucción psicológica

Mucha gente, cuando nos lea, pensará,  y hay mucha gente que, mientras nos lea, pensará «sí, yo he conocido como estas». Porque pueden estar integradas en la sociedad o pueden convertirse en esto. Por eso, como hablamos en la primera parte, para un escritor, un villano como este es ideal, porque da mucho miedo en sí mismo.

R: Sí, como escritor da mucho juego, porque puedes llevarlo al límite que quieras, porque él no los tiene, no tiene límites. Y no necesitas que sea un asesino sanguinario, porque puede machacar psicológicamente al protagonista, que es ahí cuando se le acaba toda defensa, cuando lo destruye psicológicamente.

A: Sí, exacto. Es el caso de Max Cady que estábamos hablando. Él no necesita atacar físicamente al protagonista. Le hace daño atacando sus seres queridos, retándolo, pero en ningún momento le daña físicamente y, sin embargo, lo tiene aterrado. Es un juego perverso que no tiene salida.

Psicópatas integrados

R: De hecho, ahora se empieza hablar de los psicópatas integrados, llamados así porque están perfectamente integrados en la sociedad, pero en su círculo, familiar, social o profesional, son personas sin escrúpulos ni límites, sin barreras morales. Que no significa que vayan a asesinar, pero presentan las características de un psicópata.

A: Exacto. Como decíamos al principio, la figura del psicópata se presta mucho al psicópata asesino y que muy fácil. Y no, la psicopatía es una enfermedad mental, que no tiene cura. Pero es un trastorno que no hace que todos se conviertan en asesinos, ni mucho menos. Hay muchos, como dices, que están integrados en la sociedad y que no van a hacer daño a nadie, porque no lo necesitan. Han sabido integrarse y perfectamente. Pero, como villano, es fácil.

R: Sí, además, el lector, quizá ahora menos, pero en los comienzos de la novela negra, necesitaba diferenciarse del villano. Poder decir, el hace esto porque es un psicópata, pero yo, que soy normal, no voy a hacerlo. Pero ahora, en la novela actual, prácticamente no existe esa distancia, y aparecen personajes cada vez más cotidianos, como Anne Wilkes o Max Cady. Pero al principio sí, hacía falta poner esa diferencia psicológica, quizá por la moralidad en la época o por la sensibilidad del lector.

Evolución del villano en la novela criminal

Primeras hard boiled

A: Exacto. Si tú te vas a los inicios de la novela negra, todo era o blanco o negro. Quizá el bueno no era tan bueno, pero tenía muy claros sus objetivos. El objetivo del bueno era un objetivo muy bueno, aunque luego él fuera muy gris y el objetivo del mundo era muy malo. Es verdad, al principio, en los años 40, años 50, de las primeras hard boiled, era una novela muy moral. Pero después fue evolucionando y empezamos a ver unos asesinatos más crueles, más rebuscados, que fue cuando se pusieron de moda los asesinos en serie.

En aquel entonces, para mantener esta moralidad tan de género, necesitábamos que al villano le pasara algo; no podía ser una persona nada más, no podía ser tu vecino del quinto. A alguien que hiciera eso tenía que pasarle algo. Pues ya está, psicópata. Blanco y en botella. ¿Qué le pasa a este hombre? Pues que es un psicópata. Eso es, como tú dices, lo que nos distingue a ti y a mí de los villanos; nosotros somos buenas personas, no seríamos capaces de esto, lo hacen porque están enfermos.

 

Philip_Marlowe_Humphey_Bogart.

Años 70-80

Es un modo de seguir manteniendo ese blanco contra negro de los personajes. Que, de hecho, se intensificó más. Al principio, como decíamos, los primeros detectives de hard boiled eran muy grises;  de repente, con el avanzar del género, en los años 70, 80, de repente los buenos, los policías, se convirtieron en dechados de virtudes aburridísimos.

El malo tenía todo el mal y bueno tenía todo el bien. Se creó esa diferenciación mucho más estricta que antes y ahora se está volviendo a difuminar. Ahora ya lo bueno es que los protagonistas están dejando de ser tan intachable. Y los malos están dejando de ser ese psicópata perverso y retorcido, y empezamos a ver esos villanos que perfectamente podrían vivir en la puerta de al lado y no lo sabrías.

R: Sí, porque esa diferencia era por lo que tú dices, para no pensar que el villano podría ser tu vecino de al lado, sino que están recluidos en una habitación, en un sótano perdido, oscuro, lleno de fotos, o sea, había un cliché, que, como nos has contado, se ha ido difuminando a lo largo de la evolución del género. Y ahora, en la novela actual, lo que vemos es que cualquier persona puede llegar a convertirse en asesino, lo que hace el género, como dices, muy interesante.

Clichés

A: Claro, al principio todo lo que sabemos del psicópata se redujo a eso, a convertirlo en un bicho raro oculto en una cueva oscura, como tú dices, con unas pintas estrafalarias, cuando lo que sabemos es todo lo contrario, que el psicópata si es un maestro en algo, es en integrarse, en disimularse y no llamar la atención si no quiere.

Como decíamos, querían darle al lector un modo de reconocerlo, de convertirlo aún más en monstruo, de diferenciarlo de la gente normal. Era un modo de decir, los malos no podemos ser tú y yo, los malos son estos tan raros. Y volvemos a Frankenstein, los raros son peligrosos.

R: Sí, sí el que se sale de la norma, cuidado. Era un efecto moral que tenía la literatura; vete por el carril de la normalidad, porque te si sales de la normalidad, mira lo que eres.

A: Exacto, tal cual, no te salgas de lo que te hemos dicho que tienes que ser. De lo que la sociedad, la religión, la ley, quien sea, llámalo X te está diciendo que tienes que ser, porque como te salga un poquito, a lo mejor es que tú eres un psicópata enfermo, tarado. Sí era esa lección. No te salgas del camino.

La novela negra en la actualidad

R: Ahora, quizá por los estudios de perfilación criminal, creo que se ha hecho a los villanos más más interesantes y a los buenos, como decías, han dejado de ser modélicos. Digamos que no puedes juzgar nada como blanco o negro, o como moral o inmoral, sino que todo el mundo se mueve dentro de una escala.

A: Sí, exactamente. Y yo creo, dejando aparte trastornos como la psicopatía que todos, en determinadas circunstancias y forzados por determinadas situaciones, podemos convertirnos en villanos, en asesinos. A lo mejor en un Max Cady no, porque para ser Max Cady hay que nacer con dicho trastorno, pero para ser Frankenstein no. Igual que al  monstruo lo crea el doctor Frankenstein, a un asesino lo puede crear perfectamente la sociedad, un momento en su vida, una mala experiencia traumática, todos podemos ser el villano. Y eso que antes es lo que no querían que pensaras, es algo que ya la novela negra nos está mostrando; Nos cuenta que hubo algo en la cabeza de esa persona que hizo clic y la fastidiamos, pero hasta ese momento era una persona normal. Éramos tú y yo y era cualquiera. Me parece mucho más interesante verlo así. Muchísimo.

El lector de novela criminal en la actualidad

R: Sí, porque te da eso una dimensión del asesino, que no es un cliché. Por contraposición, te da también una dimensión de protagonista que también deja de ser un cliché. Que vuelve un poco, no vuelve a la novela hard boiled, a aquellos detectives, pero si vuelve a una persona con sus contradicciones. Yo creo que la novela negra también ha avanzado a ser mucho más ecológica en el estudio de personajes.

A: Sí, es que ahora me parece que el lector lo exige. Ya no se traga al malo malísimo porque sí, ni al bueno buenísimo con una moralidad intachable le hagan lo que le hagan y le pase lo que le pase. Eso ya no, ya no cuela estos tiempos. El lector exige que le cuentes por qué el malo es malo. Antes, en las primeras novelas, no necesitabas que te dijera porque era malo, bastaba con decir que estaba enfermo y adelante.

Ahora el lector sí quiere saber por qué esa persona hace lo que hace, por qué se ha convertido en eso. Si te fijas, todos los asesinos de los que hemos hablando, tienen un trasfondo, tienen una historia. El autor te ha contado cómo llegaron hasta este punto. Y un villano, para convertirse en un villano que traspase épocas y fronteras necesita ese trasfondo psicológico, un por qué.

R: Sí necesita no salir de la nada, también porque los lectores de novela negra han aprendido mucho. Yo creo que cualquier lector de novela negra,  policíaca o thriller también se interesa por la criminalística, por el análisis de perfiles, y eso, como escritores, nos obliga a crear un personaje real.

True crime

A: De hecho, una prueba de lo que dices es ahora la moda que hay con los true crime, de las series y novelas basadas en casos reales que te cuentan tanto la historia real del villano, vamos a llamarlo así, como incluso de todo el procedimiento hasta que lo consiguieron capturar, porque siempre consiguen capturarlo, pero ahora la gente se está interesando por cual es la historia real detrás de todo lo que hasta ahora solo había sido ficción, en la literatura.

Y es lo que tú dices, el lector del género está aprendiendo, se está molestando en investigar, está buscando casos reales y ya no se va a tragar cualquier cosa que quieras venderle porque sí. La serie es como yo digo, las series milagrosas de CSI, donde tenemos hacemos unas pruebas policiales que vamos ríete tú, eso ya cada vez cuela menos, la gente ya no se lo traga. Hace que sea más difícil para más difícil, para elegir mucho más interesante.

Desafío también para autores

R: Sí, porque es un desafío, cuando creas un personaje, crearlo real, salir del cliché, que es lo fácil. Algo así como meter una tarjetita y ya lo tienes. Ahora tienes que crear un personaje muy real y creo que para nosotros nosotras, como escritoras, es mucho más interesante y te obliga, además, a estar muy al día de todas las técnicas, de todos los avances de todos los estudios, que trasladas al lector y es una retroalimentación entre escritor y lector que es muy buena.

A: Sí, totalmente de acuerdo. Es una retroalimentación en ese sentido, tú investigas, él investiga y ambos estáis descubriendo cosas nuevas. Sí, para mí es muchísimo más interesante, y te obliga a trabajar más. Ahora ya no puedes decir que llegó un hacker y lo resolvió todo en diez minutos, porque, en la realidad, puede que necesite tres días o un mes.  E igual que eso, toda la criminalística; los análisis de ADN no se hacen de hoy para mañana, no tienes el resultado en diez minutos. Tienes que investigar, porque el lector está investigando y los escritores tenemos que dárselo, necesitamos ser creíbles, porque  el listón de la credibilidad cada vez está más alto.

R: Muchas gracias, Arantxa, por todo lo que nos has contado a lo largo de estos artículos. Resulta muy interesante analizar a los villanos, porque, como decíamos al comienzo de esta serie, sin un buen villano, no hay un buen protagonista.

Arantxa_Rufo_escritora novela negraARANTXA RUFO

Arantxa Rufo es escritora de novela negra y thriller, autora de En el punto de mira, Sangre en las manos y Zed está muerto. En su blog puedes leer, además de la oda a los asesinos literarios, otros muchos artículos de gran interés.

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