Madres manipuladoras en novela negra y thriller

Las madres manipuladoras no son un concepto nuevo en la literatura. Desde la Medea de Eurípides, son cientos las madres tóxicas que han nacido en los libros: obsesivas, ausentes, controladoras, celosas de sus hijos, fanáticas, narcisistas…; algunas se han convertido en icónicas y muchas nos han puesto los pelos de punta. 

Como en muchos aspectos, la literatura es un reflejo de la realidad, y en este caso no es una excepción; multitud de hijos e hijas que se han criado bajo la influencia de una madre de este tipo, lo que ha tenido consecuencias en su autoestima, en el desarrollo de su personalidad como adultos y en sus relaciones con los demás, porque la madre es la primera persona con la que establecemos un vínculo con el que nacemos, y dependiendo de cómo sea ese vínculo, así seremos de adultos. 

¿Por qué existen madres manipuladoras?

Este tipo de madres son tan antiguas como el mundo, pero no siempre se ha podido hablar abiertamente de ello, por un cierto miedo de la sociedad a romper el mito de que toda madre, por el hecho de serlo, tiene como prioridad amar, cuidar y apoyar a sus hijos, lo cual es cierto en la mayoría de los casos, pero no siempre. Romper este mito obliga a la sociedad a aceptar que hay niños que sufren a manos de sus madres, lo cual no resulta fácil. Pero, por mucho que nos duela o nos cueste, es importante hacerlo, porque es este mismo silencio, esta incapacidad por parte de quienes fueron criados por madres manipuladoras de compartir sus vivencias infantiles, lo que perpetúa las heridas que sufrieron en la infancia a lo largo de toda su vida. 

Madres manipuladoras. Corrine-Dollanganger y su madre, de la novela Flores en el Ático de V. C. Andrews, versión cine

En la mayoría de los casos, esta manipulación se hace de forma inconsciente; las madres, a través de estos comportamientos, intentan sanar las heridas emocionales que ellas mismas sufrieron en la infancia y que las transformaron en adultas traumatizadas que ven en sus hijos un modo de subsanar el vacío y el dolor emocional que sienten, un modo de liberarse de sus frustraciones y sueños rotos, lo que solo logran a través de la manipulación. 

Estas heridas las llevan a anteponer sus necesidades a las de cariño, cuidado y apoyo de sus hijos, a veces anulando tanto su personalidad que estos, de adultos, no son capaces de romper el vínculo tóxico emocional con ellas. Esto último se da con mayor frecuencia cuando se trata de una madre narcisista; estas crían a sus hijos a través del control y la falta de empatía, al tiempo que proyectan en ellos todos sus miedos e inseguridades, provocando grandes secuelas emocionales en sus hijos. 

Pero crecer con una madre manipuladora no nos condena de por vida. Una vez seamos conscientes de ello, es posible sanar las heridas emocionales que una madre tóxica ha provocado en nosotros, aprender a establecer límites y relacionarnos de forma sana con ella y con los demás. 

 

¿Cómo saber si tenemos una madre tóxica?

Son muchas y diferentes las estrategias que utilizan estas madres para manipular a sus hijos, pero las más habituales son las siguientes:

Culpa tóxica

Se trata de un método de control tóxico del comportamiento de los hijos, por el que trata de hacerlos sentir culpables cuando éstos no se comportan como la madre espera o desea, a través de mensajes como «tú siempre…», «tú nunca», «siempre el/la misma», «siempre igual…»; en lugar de criticar la conducta, critican la personalidad del hijo o la hija que, acusándoles de ser egoístas o malos hijos; estos, para evitar el malestar que la culpabilización genera en ellos, tenderán  a evitar dichos comportamientos y optar solo por los que hacen felices a su madre. Esto se da sobre todo cuando dicha culpabilización viene acompañada de rechazo, creando en el hijo un vínculo inseguro (no estar seguro de tener el amor incondicional de sus padres) que le genera ansiedad, e inseguridad y una gran autocrítica que le acompañarán hasta la edad adulta. 

Madres manipuladoras. Rosario, madre de Amaia Salazar, de la Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo

Victimismo

La madre manipuladora utilizará todo lo que hace o ha hecho por los hijos con intención de manipularlos, y lograr así que ellos hagan lo que ellas quieren. «Con todo lo que he hecho por ti y te vas con tus amigos y me dejas aquí sola…» «Con lo que sufrí en el parto y no eres capaz de hacer esto por tu madre…»; son muchas las frases de este tipo que estos hijos oyen cada día y acaban convencidos de estar “en deuda” con sus madres o de que son malos hijos si no hacen los que esta les pide. Esto se da sobre todo en madres controladoras, que no aceptan la independencia de los hijos o su propia individualidad como personas, y quieren controlar en todo momento los movimientos de su hijo, no sólo en la niñez, sino también en la edad adulta. 

Chantaje emocional

Se trata de una de las formas más poderosas de manipulación, porque suele ir acompañado de los dos aspectos de los que hemos hablado antes, la culpa tóxica y el victimismo. «Con todo lo que he hecho por ti…» «Que una madre tenga que ir sola a…. teniendo hijos…» «Si quisieras a tu madre no la dejarías sola para irte con tus amigas…»

Críticas y comparaciones constantes

Da igual en lo que el hijo o la hija se hayan equivocado, su madre no dejará pasar la oportunidad de criticarlos y aprovechará además para comparar a sus hijos con el primo, hermano o amigo que ellos consideran el hijo ideal, minando la autoestima de sus hijos y creando en ellos la necesidad de ser valorados por sus padres, necesidad que nunca se verá satisfecha; de adultos, por ello, no se valoran a sí mismos, solo a través de los demás, lo que a menudo les llevará a caer en relaciones tóxicas, ya sea de pareja, amistad, trabajo…, perpetuando así el ciclo de la manipulación. 

Comportamiento pasivo-agresivo

Silencios valorativos, bromas hirientes, indirectas o autolesiones para generar la culpa en los hijos. Este comportamiento es más habitual cuando la madre tiene rasgos narcisistas o sufre un trastorno narcisista de la personalidad; en estos casos, los comportamientos.

 

Las malas (peores) madres manipuladoras de la novela negra y el thriller

Todos estos rasgos (y muchos más) los podemos ver en las madres manipuladoras que ha dado la literatura. Estas son algunas de las más famosas (y aterradoras) que ha dado la novela negra y el thriller.

 

Madres manipuladoras. Madre de Norman Bates, protagonista de Psicosis, novela de Robert Bloch

Margaret White

La madre de Carrie, la protagonista de la novela homónima de Stephen King, a quien muchos han conocido a través del cine. Una mujer obsesivamente religiosa, abusiva y maltratadora, que considera que todo lo que hacen los demás es pecaminoso. Su trastorno la lleva a aislar a su hija para evitar que caiga en el pecado y, cada vez que esta hace algo que ella considera que vulnera los dictados de su fe, sufre ataques de histeria en los que se autolesiona delante de su hija para así obligarla a obedecerla y a que se comporte como ella quiere, especialmente cuando Carrie utiliza sus poderes telekinéticos; Margaret no los considera tales, sino que cree que su hija es una bruja. 

Norma Bates

¿Quién ha podido olvidar a la madre de Norman Bates en Psicosis? No tiene nombre, ni siquiera está viva, pero nos hizo gritar de miedo a todos. La película que lanzó al estrellato a Alfred Hitchcock está basada en la novela del mismo nombre del escritor Robert Bloch, que a su vez está inspirada en un caso real. El personaje de Norma Bates evidencia como ninguno hasta dónde puede llegar la influencia tóxica de una madre sobre sus hijos, por la dependencia emocional viciada que había creado entre ella y su hijo desde la muerte de su marido, dependencia que la llevaba a evitar por todos los medios que ninguna mujer se lo llevara de su lado, incluso después de muerta. El éxito de la película eclipsó a la novela y al autor, quien, entre otras cosas, fue discípulo de Lovecraft. 

Corrine Dollanganger

La madre de Catherine Leigh Dolanganger, la protagonista de Flores en el Ático, de V.C. Andrews, no es mucho mejor. Tras quedarse viuda y no poder hacer frente a las deudas que dejó su marido, se ve obligada a volver a casa de sus padres; su madre la acoge con una condición: encerrar a sus hijos en el ático y no dejarlos salir bajo ninguna circunstancia para que su padre, el abuelo de los hijos, no sepa de su existencia. Con la esperanza de recibir una parte de la herencia, Corrine acepta. Al principio cuida de que estén bien pero poco a poco esto cambia.

Josephine Hurst

La protagonista de Mother, mother, de Koren Zailckas es, vista desde fuera, una madre amorosa, preocupada por sus hijos, de una familia perfecta. Al menos hasta que su hija mayor se fuga con su novio, momento en que toda la vida de Josephine se tambalea: su marido se refugia en el alcohol, su otra hija en las drogas…; desesperada, utilizará cualquier método para recuperar el control de su familia y mantener la apariencia de una familia feliz, aunque para ello tenga que acosarlos, manipularlos y castigarlos para que se comporten como ella quiera.

Rosario

La madre de Amaia Salazar, protagonista de la Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo, es una de las madres más siniestras y aterradoras de la novela negra española. Por no hacer spoilers no daré muchos detalles; solo contaros que Rosario pegaba y e insultaba a su hija cada vez que tenía oportunidad y Amaia le tenía pánico desde niña. En este caso, Rosario sufre un trastorno mental grave sin medicar, que le lleva a descargar el odio contra su hija, aparte de otros sucesos que se dan a lo largo de la trilogía. 

 

¿Cómo sanar de una madre manipuladora?

Como hemos dicho, arrastramos de adultos las heridas que nos causó en la niñez la manipulación y el control que nuestras madres ejercieron sobre nosotros. Estas heridas nos convirtieron en adultos inseguros, con miedo al rechazo, dependientes emocionalmente de ella y con una necesidad insana de ser valorados y queridos por los demás. La parte positiva es que es posible curar esas heridas y recuperar nuestra autoestima, para así recuperar nuestro equilibrio emocional. Si las heridas son muy profundas, necesitaremos ayuda profesional para reprocesar los hechos vividos durante nuestra niñez, dejar de vernos a través de la imagen que nuestra madre nos dio de nosotros, descubrir quiénes y cómo somos realmente  y deshacernos de los complejos, heridas y frustraciones que proyectó en nosotros. 

LIberarse-madre-manipuladora

Dependiendo de su grado de toxicidad, a veces será necesario separarnos de ella durante el tiempo necesario para sanarnos, para salir de la indefensión aprendida a la que su comportamiento nos ha empujado, y entender que sí podemos poner límites, y que quererla no significa inmolarnos a nosotros mismos como personas, renunciando a nuestros sueños, deseos e ilusiones, reduciendo nuestra vida a estar continuamente pendientes de ella, como estas madres exigen en muchos casos. 

No culparnos a nosotros mismos

No autocastigarnos a nosotros mismos también es importante. A veces, cuando nos damos cuenta del tiempo que hemos vivido inmersos en la culpa, el chantaje emocional, la indefensión aprendida, nos culpamos a nosotros mismos por no haber sido conscientes antes de ello, por no haber sabido romper antes. Pero no pudimos hacerlo porque no teníamos las herramientas psicológicas para ello,  o la ayuda necesaria. Cuando éramos niños, dependíamos de ella en todo los aspectos, y psicológicamente no estábamos preparados (ningún niño lo está) para aceptar que nos hacía daño, que el vínculo entre ella y nosotros estaba viciado, lo que nos ha llevado muchas veces a la co-dependencia de ella, impidiéndonos alejarnos. 

Es el momento de descubrir quiénes somos de verdad: crecimos creyendo que no éramos lo suficientemente buenos, inteligentes, guapos, divertidos, fuertes, capaces…; pero la realidad es distinta. Somos mucho más valiente, buenos/as, inteligentes, fuertes y guapos/as de lo creemos, y ha llegado el momento de descubrirlo. De equivocarse sin tener miedo a las consecuencias y de comprender que cometer fallos no supone ser un perdedor o una perdedora, sino tan solo es parte de ser humano. 

Aprende a poner límites

Tenemos derecho a poner límites a nuestras madres manipuladoras, a decirle que no. Deberemos aprender a no dejarnos atrapar de nuevo por sus intentos de manipulación, el chantaje, el victimismo…; aprender a capearlos será nuestra tarea más importante, porque eso nos enseñará a poner límites, no sólo con nuestra madre, sino en todas nuestras relaciones. No es infrecuente que un niño que se ha criado con una madre tóxica, de adulto sea víctimas de relaciones tóxicas de pareja, amigos, en el trabajo…, en prácticamente todos los ámbitos de su vida porque, de forma inconsciente, reproducimos la manera de comportarnos que teníamos con nuestra madre tóxica. 

Lo más importante: debes aprender que preocuparte por ti y pensar en ti no es egoísmo, como tu madre tantas veces te repitió, es salud emocional. Porque el crecer y seguir bajo la influencia de una madre tóxica nos puede provocar ansiedad, depresión, problemas de autonomía, baja autoestima, incapacidad para reconocer las propias emociones, e incluso dolencias físicas como enfermedades autoinmunes. Ponerle límites, decir no o reafirmarte a ti mismo ante ella no significa quererla menos, sino quererla de forma sana.

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