Durmiendo con su enemigo: Secuelas psicológicas de la violencia de género

La película Durmiendo con su enemigo, protagonizada por Julia Roberts y  Patrick Bergin, basada en la novela homónima de Nancy Price, es un thriller psicológico que nos presenta una realidad cotidiana: parejas aparentemente perfectas en las que dicha perfección encubre otra realidad muy distinta: humillaciones, vejaciones, maltrato físico y psicológico y todos los comportamientos constitutivos de la violencia contra la mujer.

Sinopsis

Laura y Martin han estado casados durante cuatro años; parecen la pareja perfecta, pero la realidad, oculta para todos, es distinta. Martin es un marido obsesivo, controlador y brutal que la maltrata de forma continua. Cuando Laura no puede más, simula su muerte para librarse de él y comenzar una nueva vida con una nueva identidad. Cuando él se da cuenta del engaño, decide perseguirla para vengarse.

Aviso de spoilers

Ten en cuenta que, a lo largo de este artículo, vas a encontrar spoilers de la película, por si no la has visto aún.

 

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Puede no haber violencia física

La violencia contra las mujeres se ejerce a través del maltrato psicológico, físico, o sexual. Habitualmente, en el ciclo de la violencia, se comienza con el psicológico, que puede llegar o no al físico, aunque las conductas de violencia psicológica suelen incluir la intimidación o amenaza física.

Esta violencia psicológica es la más difícil de identificar, tanto para el entorno e incluso para la víctima, porque no se trata de agresiones verbales, insultos o comportamientos abiertamente dirigidos a controlar a la víctima, sino de otros mucho más sutiles:

  • gaslighting,
  • tratamiento de silencio o ley de hielo (ignorar a la mujer, no dirigirle la palabra, a veces durante días o semanas, actuar de forma fría y distante con la mujer)
  • denigrar a la víctima, insultarla, humillarla (conductas que suelen darse solo cuando la pareja está a solas).
  • Conductas de control (no dejarla salir sola con sus amigos, especialmente cuando son masculinos, controlar su forma de vestir, mirar su móvil, redes sociales, WhatsApp, restringirle el dinero si ella no trabaja o no permitirle buscar un trabajo, aunque ella quiera, etc).

Estas conductas son las responsables de que la víctima no sea capaz de abandonar al maltratador o de denunciarle.

Esto lo vemos muy bien reflejado en la película Durmiendo con su enemigo, en la escena de las toallas. Martin abraza a Laura en la terraza de una perfecta casa junto a la playa, donde ella está desayunando. Él le coge de la mano y la invita a seguirle, y ella sonriente, le sigue hasta el baño, donde él se detiene y le pregunta «¿Está todo como debe ser?». Laura deja de sonreír y su rostro muestra tensión y miedo, y se apresura a reordenar las toallas que ha dejado descolocadas en el toallero, diciendo «No sé cómo lo he olvidado». Él, aparentemente conciliador, responde «Todos olvidamos cosas; eso existe el verbo recordar». Ella, cabizbaja le da las gracias, angustiada, dándonos a entender que las palabras de él tienen mucho más significado de lo que a primera vista podríamos pensar.

Secuelas psicológicas y emocionales de la violencia contra la mujer

Tras divorciarse o separarse de su pareja maltratadora, las mujeres que han sufrido violencia de género deben superar las secuelas psicológicas derivadas del maltrato, que se ven agravadas por las circunstancias y la propia naturaleza de la violencia de género: se sufre dentro de lo hogar, a manos de la persona a la que aman y con quien conviven diariamente, suelen haber perdido su círculo de apoyo (familia o amigos) porque su pareja las ha aislado y están solas, sin nadie a quien acudir.

Cada caso es diferente y las secuelas se pueden presentar en mayor o menor grado, dependiendo del tiempo de relación o del tipo de maltrato, pero se pueden considerar afines a todas las mujeres que han sufrido violencia de género.

 

trastorno por estrés postraumático

Trastorno por estrés post-traumático-complejo. (TEPT-C)

Seguramente has oído hablar del trastorno por estrés postraumático, que es el que podemos sufrir tras experimentar un evento traumático, como una guerra, un accidente de coche, un desastre natural o una agresión sexual. Se trata de un hecho aislado con un gran impacto emocional en la vida de quien lo sufre.

En el caso del TEPT-C, la diferencia es que el hecho traumático (el maltrato) se ha dado a lo largo del tiempo y de forma repetida. Por ello, lo presentan tanto mujeres que han sufrido violencia de género como niños que han sufrido maltrato infantil, víctimas de bullying, situaciones de acoso o supervivientes de campos de concentración.

Fue la psiquiatra Judith Herman quien introdujo este concepto en 1992, en su libro «Trauma and Recovery» (Trauma y recuperación), así como en un artículo titulado « Complex PTSD: A syndrome in survivors of prolonged and repeated trauma» (TEPT-C: Un síndrome de los supervivientes de traumas prolongados y repetidos).

Síntomas

  • Dificultad en las relaciones con los demás: Puede llevar a las mujeres que lo sufren a aislarse y evitar a los demás, por desconfianza crónica hacia ellos.

Esto lo vemos muy bien reflejado en la escena del autobús de la película. Después de huir, se sube a un autobús para marcharse a Iowa, se queda dormida y su cabeza cae sobre el hombro del hombre que se sienta a su lado. Se despierta, y cuando se da cuenta y ve que el hombre sonríe y se acerca hacia ella, Laura, con gesto de angustia se cruza de brazos y se aparta todo lo que puede hacia la ventana. También está reflejado en la escena de las manzanas, donde podemos ver que el miedo y la angustia de Laura no es consecuencia de haberlas cogido del árbol, sino de que un hombre está intentando ligar con ella.

A veces, el comportamiento es el contrario, y las mujeres comienzan inmediatamente una relación, buscando protección, pero, a menudo, caen en manos de un nuevo maltratador.

  • Sensación de ser diferente, distinta, de no encajar.
  • Sensación de indefensión, de desesperación, de no encontrarle sentido a la vida.
  • Revivir experiencias traumáticas (flashbacks) por hechos que le recuerden al agresor (un olor, un sonido, un lugar…). Durmiendo con su enemigo lo retrata muy bien cuando Laura dice a su nuevo vecino: «Me gusta la música clásica, cualquier cosa menos Berlioz. Su sinfonía fantástica me pone enferma», porque era la que su marido escuchaba una y otra vez cuando vivían juntos.

Baja autoestima

Las humillaciones y vejaciones a las que el agresor las ha sometido durante la convivencia con él han destruido su autoestima, su autoimagen y su sentimiento de valía. El maltratador ha cuestionado cada uno de sus hábitos, actos, palabras, intuiciones; todo era motivo de burla o de reproche, lo que las ha hecho dudar de sus capacidades, de su inteligencia, habilidades o intuición.

En la película Durmiendo con su enemigo, Laura le cuenta a la mujer del asiento contiguo del autobús cómo era su marido y como huyó de él, hablando como si lo hubiera hecho otra persona. La mujer, admirada, exclama «¡Qué valiente!», y Laura, avergonzada, responde «Ella cree que es cobarde», refiriéndose a sí misma.

Sentimiento de culpa

Uno de los comportamientos más perversos de cualquier maltratador es responsabilizar a la víctima de su propio maltrato. Esto hace que la víctima acabe interiorizando que, en efecto, es ella la culpable de que él se enfade, la grite, la pegue…, y ello la lleva a sentirse culpable de todo.

En la película Durmiendo con su enemigo, podemos ver cómo Martin, después de golpear a Laura, pregunta: «¿Tanto placer te da humillarme?». Ella, en vez de responder, llora y él, enfadado, grita «¡Basta!», dándole una patada en el estómago. Después se agacha junto a ella y dice «Y ahora te pondrás de mal humor», a lo que ella, asustada, replica: «No, no, de verdad», y el responde «Sí que lo harás».

 

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Estrés crónico

La violencia genera indefensión aprendida, una condición psicológica que lleva a la víctima a creer que no tiene escapatoria. El agresor, además, no tiene un patrón definido de comportamiento y lo que hoy está bien, mañana es castigado. Con ello, la víctima va inhibiendo y limitando su comportamiento, sin saber ya qué desatará el maltrato, viviendo en un permanente estado de alerta, ansiedad y miedo constantes, que generan en la mujer un estrés crónico que suele derivar en depresión.

El miedo lo podemos ver en la escena en la que Ben, el nuevo vecino de Laura, aporrea la puerta, y ella se echa atrás, asustada. Se lleva la mano a la cabeza y pregunta «¿Ben?»; solo cuando se cerciora de que es él, se calma.

Distorsiones cognitivas

La amnesia perversa, la disonancia cognitiva, disociación y la indefensión aprendida derivadas del maltrato llevan a la mujer a restar importancia, minimizar e incluso justificar las acciones del maltratador, tanto durante la relación como al poco de abandonar esta. Todo ello forma parte del denominado Síndrome de la mujer maltratada.

Síndrome de adaptación paradójica

Es parecido al Síndrome de Estocolmo que se da en víctimas de secuestro. La mujer sometida a violencia, ante la incapacidad de abandonar al agresor, acaba creando una dependencia psicológica hacia él.

Abuso o dependencia de sustancias

En estos últimos años se ha comenzado a estudiar la relación entre el abuso de sustancias y la violencia contra la mujer. Puede ser el alcohol, la comida, las drogas…; en este caso, la dependencia es un intento de mitigar las emociones (rabia, miedo, dolor, angustia), provocadas por la violencia a la que están sometidas, emociones que no pueden mostrar al agresor y se ven obligadas a ocultar durante la relación con éste.

Superar las secuelas de la violencia de género

Para superar estas secuelas, se recomienda a las víctimas de violencia de género la terapia EMDR, con el fin de  reprocesar el trauma, además de comportamientos dirigidos a aumentar su autoestima, sentimiento de valía personal y seguridad en sí mismas.

También buscar una red de apoyo para salir de su aislamiento, familiares, amigos en los que sepa que puede confiar, (re-vincularse), y buscar con quien pueda compartir experiencias comunes, en grupos de apoyo o asociaciones.

El objetivo de todo ello es volver a ser ellas mismas, quienes eran antes de la relación, poder sostenerse económicamente y vencer el miedo, como logra hacer el personaje de Julia Roberts en la película Durmiendo con su enemigo.

 

Teléfono 016

El teléfono al que puedes llamar si eres víctima de violencia de género es el 016.  No deja rastro en la factura pero sí hay que eliminar el número del registro de llamadas.

También puedes comunicarte por WhatsApp en el 600 000 016 y por mail en 016-online@igualdad.gob.es

En esta página web   tienes todos los recursos que la delegación del Gobierno contra la violencia de género pone a tu disposición. Recuerda que debes borrarla de tu historial de navegación si la consultas.

Ficha técnica película Durmiendo con su enemigo

Ficha técnica:

Título original: Sleeping with the Enemy

Año: 1991

País: Estados Unidos

Director: Joseph Ruben

Guion: Ronald Bass. Novela: Nancy Price

Reparto: Julia Roberts, Patrick Bergin, Kevin Anderson, Elizabeth Lawrence, Marita Geraghty, Tony Abatemarco, Claudette Nevins, Kyle Secor, Harley Venton

Productora: 20th Century Fox

 

 

2 Comentarios
  • Bea Peidro
    Publicado a las 20:15h, 04 marzo Responder

    Recuerdo haber visto esta peli de jovencita y pasar un miedo con el marido que no veas.
    ¡Muy buen articulo!

  • rachelripley
    Publicado a las 08:20h, 07 marzo Responder

    Recuerdo que a mí me ocurrió lo mismo, cuando la vi por primera vez y al volver a hacerlo para escribir este artículo. ¡Gracias por tu comentario!

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